Ruben Villavice...'s profileArtesanías ArtísticasPhotosBlogListsMore Tools Help

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    March 14

    Ríos de la Memoria

    Pasan los amigos

    con su sonrisa

    o su entrecejo gris de pena:

    el que murió en un viaje

    el que no quería irse

    y se aferraba a la imposible vida

    el que vino a despedirse

    con su gesto sonriente

     

     

    Estaba allí

    justo frente

    a la casa.

    La puerta del patio

    se abría

    sobre la explanada

    y en su centro

    crecía el árbol

    quimérico.

     Para nosotros:

    el más

    grande capulí

    del mundo.

    Y quizá

    no nos equivocábamos.

    En él se habían concentrado

    todos los nidos.

    En él maduraban

    Abundantes y dulces

    las frutas rojo intenso

    a las que Carrera Andrade llamó

    las cerezas del Ande.

    En el se cobijaron

    nuestros años

    de la remota niñez

    y hoy todavía

    cuando ya no será más

    que un puñado de polvo

    herencia de polillas

    crece en el corazón

    con esplendor.

     

     

    Y tu vacío sobre un mar

    de vidas que sigue

    en su vaivén eternamente

    como si nada

    como si aun estuvieras

    como si el universo entero

     no se hubiese trizado

    para siempre

    en el instante

    en que cesó tu aliento.

     

    Porque la vida en este golpe, madre,

    nos ha cortado, en dos, como una espada.

     

     

    De la materia de los sueños

    estamos hechos.

     

    Quizás solamente soñe

    que estaba aquí,

    pero su velo impalpable,

    sus tenaces vendas

    cerraron mis ojos.

     

    Pero despertaré un día

    cuando la luz indeclinable

    abra mis párpados. 

     

     

    Sin embargo fue hermoso vivir

    y te canto vida:

    el río discurre sin prisa

    en la llanura,

    el viento en la colina

    despliega sus banderas,

    pasan las nubes

    en el delirante azul

    del mediodía,

    el sol vertical como una espada,

    el mar apacienta en la playa

    su rebaño de espuma,

    el crepúsculo apaga 

    sus últimas lámparas

    y la noche enciende las estrellas.

     

     

    Porque talvez todo

    sea solamente un sueño.

     

    Soñé que viví,

    soñé que amé

    soñé que moriré

    y navegaré un día

    en un bajel sin anclas

    el mar de silencio

    de la nada.